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Xosé Lois García

Opinón

Isidre Nonell, pintor de los marginados

Xosé Lois García
Rebelión

Cuando los pueblos indagan para reconocer a aquellos creadores de arte o de literatura que han incidido en revelar, denunciar y crear conciencia entre los marginados, de sus paupérrimas situaciones, está la burguesía como clase dominante, tratando de ocultar e imponer oscurantismo a cualquier atisbo emancipador y tratando de ignorar, degradar e interrumpir excepcionales obras de arte y despreciar a sus creadores.

Isidre Nonell (Barcelona, (1872-1911) fue uno de los grandes, entre los grandes pintores del modernismo catalán de finales del siglo XIX y principios del XX. Pero también uno de los grandes asediados y repudiados por la burguesía de aquella Barcelona de los grandes procesos del cambio estructural urbano, como la destrucción de las murallas medievales, la construcción del Ensanche, de la Sagrada Familia y de los grandes palacios modernistas. La burguesía comercial, financiera y nacionalista, en su auge de progreso individual y potenciando marginación colectiva entre los trabajadores.

En aquella Barcelona convulsiva, donde la lucha de clases tenía una exhibición en varios escenarios de pobreza, la conciencia anarquista y socialista se ampliaba en la confrontación contra los poderes fácticos. En esta situación, en la calle Sant Pere més Baix, número 38, en la plenitud marginal del Barrio Gótico, nacía el 30 de noviembre de 1872, Isidre Nonell. Desde este horizonte de marginalidad hace estudios primarios en la escuela de su barrio y coincide con Joaquim Mir, otro de los grandes de la pintura de la modernidad catalana, de aquí accede a la Escola de Belles Arts. En 1891 presenta una pintura en la Primera Exposició General de Belles Arts de Barcelona, se trataba de un patio marginal, que pasó desapercibida para los compradores y marchantes de la burguesía. Desde aquí, despega su enorme aventura creativa, sirviéndose de los ambientes de su barrio, donde la gente pobre y los marginados eran los escogidos para imponer denuncia social por medio de sus pinturas. Sus creaciones pictóricas nos revelan, en su más incisiva desnudez, varios tipos de situaciones y de calamidades que soportaba aquella Barcelona deprimente de finales de siglo.

Era un período en que Nonell ampliaba su relación con los grandes pintores del modernismo y creaba debate sobre la conveniencia de que la pintura ejerciese una posición de denuncia social frente a situaciones de supervivencia. Ahí están esos dibujos que recrean a un proletariado subsidiario y emergente de las desigualdades que provocaba aquella burguesía que negaba la realidad expuesta por Nonell en sus cuadros. Este portento de esclarecer la vida marginal, tuvo continua presencia en todos sus períodos pictóricos. En muchos de esos dibujos en negro, se constata cierto vínculo con los dibujos y críticas de Goya, al mismo tiempo consolida esas figuras populares desgarradoras y víctimas de los malos gobiernos de aquella España “de charanga y pandereta”. Pero Nonell codificó las diferentes visualizaciones de “la otra España la que huele a caña, tabaco y brea”.

La idea firme e inseparable de aquellas impresiones que al joven pintor le habían conmovido, trató de ampliarlas en su memorial pictórico. En 1897 viaja a París y permanece durante un año, trabaja, expone y visita los museos parisinos. Su presencia en París fortalece ese sentimiento que tenía por lo cotidiano. La buena crítica francesa no reparó en elogiar su impresionismo y la rotunda modernidad de una pintura resueltamente comprometida, fue considerada como la que Goya ofreció sobre aquella España de sátrapas e inquisidores. La útil estadía de Nonell en París le amplia conocimientos sobre la buena pintura que observa en el Louvre. Boticcelli, Tiziano y Velázquez son referentes de la excelente modulación de exponer personajes donde se exaltan las dos clases en litigio permanente, reyes y nobles por un lado y vasallos por otro. Nonell captó estas dos diferencias a las que él venía personalizando en sus dibujos. De regreso a Barcelona multiplica sus contactos con los grandes pintores y retratistas, y expone sus dibujos en la sala “Els Quatre Gats”. La crónica de arte le coloca como el pintor que modela los rostros opacos y olvidados que palpitan por el tejido urbano del Barrio Gótico barcelonés. Las exposiciones continúan, las críticas favorables también, no así las ventas que estaban acondicionadas, talvez, al boicot de la burguesía. Algunos coleccionistas con ideas claras, sobre la situación tormentosa por las que pasaba la España de finales de siglo, tuvieron conciencia de que Isidre Nonell, marcaba una época en la pintura catalana y un exponente social relevante en sus cuadros.

Los dibujos de Nonell nos resultan un flagelo contra las clases pudientes y explotadoras de serviles y desamparados. Ahí están los exponentes de aquella sociedad y sus contradicciones, en esas figuras de mujeres y hombres famélicos y andrajosos frente a personajes de holgadas grasas cubiertas de lucientes trajes y chisteras. Dos símbolos reiteradamente presentes en sus dibujos, en los que se visualiza una época y sus frecuencias de lucha de clases.

En 1894 comienza en “La Vanguardia” a publicar “Tipos populares Barceloneses”, y a finales de este año publica su famoso dibujo, “Un pobre de la Boqueria”, que le sirve como base de su beligerancia en defensa de diversos perfiles de pobreza que aterraban Barcelona. Sus dibujos, además de constatar la imagen de aquella realidad sangrante, llevaban un pie de imprenta incidiendo en el tema tratado, o bien en un diálogo entre los personajes representados. La caracterización de estos personajes populares fue acogida con gran interés por el público. Sus colaboraciones tuvieron impacto en periódicos y revistas de la época, como “L’Esquella de la Torratxa”, “Almanac de la Campana de Gràcia”, “La Saeta”, “Barcelona Cómica”, “Almanaque del Madrid Cómico”, “Quatre Gats”, “Album Salón”, “Arte Joven”, “Pel & Ploma”, “Catalunya Artística”, “El Liberal”, “Ilustració Catalana”, “Joventut”, “La Publicidad”, “Forma” y “Papitu”.

Ésta última revista tenía un carácter humorístico satírico fundada por el dibujante, Feliu Elias en 1908. Fue un exponente cultural y dialéctico de la izquierda catalanista que tuvo el valor de enfrentarse a la todopoderosa revista satírica burguesa, “¡Cu-cut!” vinculada y defensora de la conservadora “Lliga Regionalista”. Fue en “Papitu” onde Isidre Nonell publicó sus caricaturas durante un corto período de tiempo, pero muy intenso en la crítica social, desde 1909 hasta su muerte en 1911. En estos dibujos se manifiesta lo tétrico de aquellas situaciones de mendigos, obreros sin trabajo o mal pagados, niños mal alimentados, mujeres vendiendo pájaros y pidiendo caridad en la puerta de las iglesias; hileras de pobres de solemnidad aguardando la sopa y otras tantas modalidades de pobreza que se manifiestan en su larga proyección pictórica.

La s excelencias de su obra prima residen en los óleos que representan la plenitud compositiva y ocupan un temario clave en la denuncia social, teniendo como modelo de sus obras a mujeres gitanas. El gitanismo en la obra de Nonell se prioriza desde dos elementos fundamentales, como clase marginada por una sociedad que la vino decapitando desde la famosa Pragmática de los Reyes Católicos, promulgada en Medina del Campo en 1499. Esta decretal decía textualmente: “Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos con sus mujeres e hijos, (...) salgan de nuestros reinos y no vuelvan a ellos en manera alguna, so pena de que si en ellos fueren hallados o tomados sin oficios o sin señores juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno cien azotes por la primera vez, y los destierren perpetuamente destos reinos; y por la segunda vez, que les corten las orejas, y estén sesenta días en las cadenas, y los tornen a desterrar, como dicho es, y por la tercera vez, que sean cautivos de los que los tomasen por toda la vida”.

Esa Pragmática marca el inicio de una represión desatada contra la etnia gitana que se repetirá constantemente hasta nuestros días. Con razón señalaba George Borrow, predicador protestante que visitó España entre 1835 y 1840, en su libro, “La Biblia en España”: “Quizás no haya un país en el que se hayan hecho más leyes con miras de suprimir y extinguir el nombre, la raza y el modo de vivir de los gitanos como en España”. Las intentonas de extinción de los gitanos españoles por decreto, materializó aberrantes y sanguinarias persecuciones y múltiples represiones que los llevaron a numerosas marginalidades y dependencias sociales. Eses rostros cautivos que aparecen en los cuadros de Isidre Nonell, corroboran las palabras de Borrow. Rostros vencidos y aterrados, cuyo perfil cromático destaca las pacientes miradas cabizbajas que reflejan una fuerza interior que el pintor supo captar.

Isidre Nonell cultivó un escenario dialéctico entorno a la pobreza y escogió a unos personajes singulares e idóneos para relatar y esclarecer, por un lado, la marginación de los gitanos que transitaban todo el perímetro del Barrio Gótico barcelonés y eran menosprecios por ser del gueto de la miseria. Por otro lado, Nonell incide en preponderar el grado xenófobo que la sociedad que le tocó vivir tenía contra los gitanos, con esa carga histórica y depredadora que los prejuzgaba. Ahí están todas esas modalidades de rasgos faciales, resueltamente expresivos, donde el pintor los recrea formal y cromáticamente, dando preferencia a los colores negro, marrón y ocre. Muchas veces eses rostros están insinuados con transparente luminosidad, donde el desgarro de desamparo social y racista potencia indignación y fomenta solidaridad.

Con estos rasgos, atributos deleznados por la burguesía y otras clases sociales, el pintor presenta a los gitanos como imperativo de las contradicciones de lo que palpita en lo antisocial. Simples rostros atormentados o volúmenes corporales definen a los gitanos en su más extravertida aversión. Este es el principio economicista por la que se rige la pintura de Nonell, que coincide con la postura de Pablo Picasso, cuando dijo: “La pintura no está para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”.

Si los tentáculos opresores del pulpo burgués están siempre dispuestos a devorar a sus víctimas, la pintura de Nonell tiene ese don picassiano de instrumentar lo ofensivo y lo defensivo. Las marcas de lucha contra el cefalópodo capitalista están en esas pinceladas que abrevia en su cromatismo, donde las mujeres gitanas tienen su respiro de gloria al no resignarse al destino que les depara. La “Dolores”, entre negro y escarlata mira al suelo: única opción de redimirse no mirando al cielo de los mitos angélicos. Ella no espera el mana de las nubes y si la espiga que produce la tierra que otros le roban. La “Gitana joven”, es otro de los cuadros compuestos en 1903 y expuesto en la Sala Parés y que hoy podemos observar en el MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya), una representación que respira el pavor humano de una situación social inaplazable. Un manto tenebroso envuelve a la joven gitana que apenas reconocemos su rostro, pero percibimos el peso de esa bestialidad del poder opresor en su enfática metáfora sobre la discriminación de la mujer gitana.

Isidre Nonell fue un pintor que evocó la lucha feminista y el rancio machismo, como cultura de opresión burguesa y mantenida durante siglos por las prédicas de la Iglesia. En esa larga colección de pinturas está la mujer gitana erigida como la gran madonna que protagoniza liberación. Un recurso elemental en la que se integran a todas las mujeres trabajadoras de los bajos fondos del servilismo. Es aquí donde Nonell hace énfasis a los ambientes de la mujer humillada en el trabajo precario, asediada por el analfabetismo y metódicamente discriminada en temas fundamentales que afectan a sus decisiones. Frente a esto, la metáfora no cesa y es transcendida en el pincel de Nonell, como discurso contestatario en lo que concierne a la defensa de la libertad femenina.

Los personajes que él prioriza como denuncia, son aquellos que pasan por la fatídica insolidaridad de las instituciones, como se refleja en el cuadro: “Repatriado de Cuba en el muelle”. Ahí esta ese soldado obligado por el poder militar a defender lo indefendible. O los protagonista populares de la llamada “Semana trágica” de 1909 que se negaron a ir a las guerras de África.

E n su pintura, está presente el espacio mítico de los gitanos irredentos y sedentarios en su propio hábitat, solitario e insalubre, del Somorrostro Barcelonés, en la soledad de la playa. “Las gitanas de Somorrostro”, es una de las acuarelas de Isidre Nonell en que un grupo de gitanas transcienden entre los arenales, con sus rostros encogidos y alejados del “mundanal ruido”. Digamos que Nonell no se ha destacado en la descripción de elementos arquitectónicos de Barcelona, pero si ha prestado atención a las barracas de Somorrostro, destacando esas estructuras de palos y latas, de cobertizos agujereados y seres sentados como efigies petrificadas. Pero en Somorrostro no estaba sólo lo rudimentario de una etnia margina, era la patria grande donde nació Carmen Amaya (1913-1963), la que salió de todos los burladeros del barraquismo a proclamar el arte de su estirpe.

Las barracas de los gitanos y, también, la de los chinos forman parte de esas preferencias en su pintura. El óleo titulado, “Playa de Pequín”, resalta otro de los pequeños enclaves de los barrios marginales de Barcelona, ubicado en la playa de Sant Adrià de Besòs, en la que se instalaron varias familias chinas. Estos espacios nos transmiten un ambiente de pobreza, que se manifiesta en la basura que rodea las barracas. Lo inhóspito, como elemento de censura, también brilla.

En aquellos años próximos a su muerte, aquella burguesía que tanto imploraba y se deleitaba por la modernidad de las artes, no fue capaz de reconocer el valor creativo de Nonell, lo tildó de pintor efímero y de escasa relevancia. Actualmente, la burguesía catalana en el poder institucional de todos los poderes en Cataluña, se ha olvidado de que este año en curso es el centenario de la muerte de Nonell. Un olvido institucional bien calculado para negar al artista mayor que ha codificado la depresión de los pobres como denuncia. Los pobres de solemnidad continúan aún y la denuncia de Isidro Nonell continúa, también, sin renuncia.

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Carlos Marighella, en su centenario

He aquí el hombre: Carlos Marighella. E n todas las superficies reivindicativas de un Brasil depredado, donde la miseria formaba parte de esa segregación que impone el dinero en manos de unos pocos, acaparando la plusvalía de millones de seres condenados al suburbio de las degradaciones y de las marginalidades humanas, surgió Marighella.

En un hogar pobre de Salvador de Bahía nac ió Carlos Marighella, el 5 de diciembre de 1911, hijo de un emigrante italiano y de una mujer negra descendiente de los haussás, vieja estirpe de combatientes contra la esclavitud del africano en Brasil. Él tenía ese orgullo de poseer sangre esclava y ser reticente a silenciar esa emanación de lucha que sus genes potenciaban. Pronto admitió esas contradicciones que se daban en un hogar compuesto por un emigrante y por una negra, donde el trabajo era vulnerado por los explotadores de turno.

Así que el adolescente Marighella, pronto usó ese potencial de combate verbal contra los usurpadores del trabajo proletario y contra cualquier manifestación de injusticia social, donde su lucha de supervivencia, con su familia, le facilitaría iniciar tres cursos de ingeniería en una Escuela Técnica de Bahía, es allí, a sus 18 años donde pone en práctica su lucha, contra el sistema clasista educativo de dicha escuela, al mismo tiempo que se hace miembro del Partido Comunista Brasileño.

En este período, se connota en la vida de Marighella el férreo revolucionario; el creador de tácticas y estrategias bajo la beligerancia de su ideario dialéctico. Pero también al poeta de emergencias sociales, siempre puntual en constatar las vivencias del oprimido en esos versos cálidos, tiernos y, también, agresivamente rotundos contra el opresor. Ahí está ese poema, tejido y cultivado como dardo, con certera crítica contra el esbirro, Juracy Magalhães, interventor de la Escuela Técnica de Ingeniería, que en 1932 lo encarcelan por primera vez.

En este período interrumpe sus estudios y se traslada a Rio de Janeiro , y en 1936 es encarcelado de nuevo y torturado, siendo liberado un año más tarde. He aquí los puntos álgidos de la vida de un revolucionario que escala esa frecuencia de valores y, también, busca otros espacios de mayor intensidad donde la lucha obrera es constante y el radio de acción en que él se mueve puede ser menos vulnerable que en otros espacios urbanos. Así que escoge el grande São Paulo, donde la pobreza es más visual y más combativa.

São Paulo será el espacio más álgido para recomponer y organizar el PCB y combatir frontalmente la dictadura de Getúlio Vargas. Las diversas organizaciones revolucionarias sectoriales paulistas contarán con la presencia de Marighella y con una nueva dinámica en las acciones revolucionarias. De nuevo, la dictadura lo apresa, lo tortura y lo confina en la isla de Fernando de Noronha, de 1939 a 1945. En esos 6 años de prisión se afanó en la educación marxista de sus compañeros de penal y, al mismo tiempo, escribiendo temas revolucionarios y poemas combativos. Al final de la dictadura de Getúlio Vargas se abre la esperanza constituyente y en 1946, Carlos Marighella es elegido diputado por el Estado de Bahía. En dos años de diputado, el diario de sesiones constata más de 200 discursos sobre diversas problemáticas de grave incidencia en Brasil. Denunciando casos concretos y aplicando una discursiva nueva y sugerente en el cambio de dirección de aquel Partido Comunista Brasileño, dirigido por Luis Carlos Prestes, que pactó con ciertas políticas del dictador Vargas. La disyuntiva y el descrédito de aquella postura hicieron que Marighella postulase por un nuevo rumbo revolucionario, no solamente en el discurso sino en un combate dirigido por la clase trabajadora. Su obsesión fue la de mantener una beligerancia para crear voluntades y una nueva mentalidad en la expresión de lucha de clases y la de crear condiciones para limitar el clientelismo burgués que mantenía con las clases más deprimidas.

En 1948 el mariscal Eurico Gaspar Dutra, presidente del país, desata una represión brutal contra Marighella que le obliga a refugiarse en la clandestinidad. Esta situación durará hasta su asesinato en São Paulo, el 4 de noviembre de 1969 por la dictadura militar. En esta situación, el dirigente obrero, formula una serie de prioridades políticas excepcionales sobre la situación de la dictadura post getuliana y, sobre todo, por el endeudamiento de Brasil en los años 50 y 60, en que el imperialismo USA impone a los gobiernos brasileños una dependencia a los asuntos que se priorizan desde el Pentágono y la CIA.

En esta situación, Marighella plantea un nuevo rumbo revolucionario con el fin de aplicar contundentes medidas para disuadir las intromisiones norteamericanas. Y la lectura que él hace de la situación, en esas décadas, es de tipo ideológico y recurrente al marxismo, en sus varios aspectos de aplicarlo en los diversos extractos de la sociedad brasileña, sin marginar al clero y a los militares más progresistas y contestatarios contra la dictadura instaurada en 1964, que depuso al presidente de izquierdas, João Goulart, en que los militares golpistas fueron apoyados directamente por los Estados Unidos.

Con el golpe de Est ado militar, Brasil se encontró en un nuevo estadio de relaciones represivas, y se declara a Carlos Marighella el enemigo público más prioritario a combatir. En este período, el dirigente comunista ya está en una fase de pensamiento revolucionario que supera el pensamiento político tradicional del PCB, anclado en el consentimiento de directrices imperialistas. Por tanto, hubo en replanteamiento de las acciones admitidas por Marighella después de ser herido en confrontación con los militares en el barrio carioca de la Tijuca, poco después del golpe de Estado. De nuevo en la prisión, el movimiento proletario brasileño y el movimiento internacionalista por el socialismo propiciaron su libertad. Marighella expuso varios parámetros de la represión en las cárceles y las consecuencias de la falta de garantías constitucionales, así como la represión abierta contra la dirigencia sindical.

En este período, Marighella profundiza en las divergencias que él tiene con el PCB, por la ausencia que tiene en la participación de la lucha por la democracia frente la dictadura. En 1966 expone al Comité Central del PCB su crítica de no participar en una lucha abierta de connotación revolucionaria. Afrontando las disidencias creó la ALN (Ação Libertadora Nacional), que opta resueltamente por el combate guerrillero. La lucha armada, en todas sus beligerancias y consecuencias, tiene para Carlos Marighella un exponente y una expresión de combate y de reclamo histórico en aquellas luchas en que los brasileños se implicaron contra las invasiones francesa y holandesa de su territorio en el siglo XVII y, también, contra los portugueses en su lucha por la independencia.

La fractura de los gobiernos democráticos frente el intervencionismo político norteamericano imponiendo un dictadura sangrienta, fue un referente para Marighela y para otros grupos que optaron por la lucha armada en Latinoamérica. La Revolución cubana estaba presente en todas las instancias de lucha contra los poderes fácticos, que en muchos casos estos grupos emergieron del estado existencial de diversos sectores del pueblo que se encontraron frente al espolio de los poderosos, siempre protegidos por paramilitares.

En este parámetro, el concepto guevarista de abrir varios frentes contra el Imperialismo capitalista, supuso un avance cualitativo en crepúsculos de descontentos que se fueron adhiriendo a la lucha armada. Brasil estaba en otra dimensión, ya no en la dialéctica de los viejos y ambiguos conceptos de la izquierda tradicional, por las circunstancias del poder dictatorial y por las premisas que estaba dando Marighella en aquellas circunstancias.

La muerte del Che y la fragmentación de ciertos grupos frente a los dispositivos dictatoriales ejercidos por varias dictaduras en Latinoamérica, no hicieron recaer en sus objetivos el proyecto de lucha armada urbana de Marighella. Era una experiencia nueva, sin duda, la guerrilla urbana que el propicio en un territorio tan amplio y con tantos resortes de esconderse como las que ofrecía São Paulo, así como otras grandes ciudades brasileñas.

Una de las acciones del ALN de Marighella fue enturbiar el poder dictatorial, con una famosa acción ejecutada el 1º de Mayo de 1968 en la que los obreros asaltan el gobierno y expulsan al gobernadoo paulista Sodré y convierten las conmemoraciones del 1º de Mayo en un acto revolucionario amplio, al que se suman estudiantes y otras clases sociales. Pronto se supo que esta acción estaba coordinada por Marighella.

La s intervenciones guerrilleras dirigidas por Carlos Marighella en 1969, tuvieron una repercusión en todo el mundo, por lo que se refiere al secuestro del embajador de los Estados Unidos en Brasil por integrantes del ALN e intercambiado por 15 presos de este movimiento guerrillero. Pocos meses más tarde, Marighella es asesinado y su grupo le sobrevive hasta 1974.

Si en 2 años de parlamentario ha dejado un sin fin de ponencias legislativas en favor de los pobres, en los 21 años restantes de clandestinidad dejó numerosos escritos teóricos y concluyentes ensayos sobre las diversas y cruciales circunstancias políticas, así como frecuentes alegatos revolucionarios, como el manual guerrillero, titulado: “Minimanual del Guerrillero Urbano”. Que siendo un compendio no lejano a “La guerra de guerrillas” de Che Guevara, tiene sus puntualidades sobre el espacio brasileño que esclarecen muy bien las concreciones estratégicas de Marighella.

Este libro, sobre operaciones y tácticas guerrilleras, así como otros textos de Carlos Marighella tuvieron enorme repercusión y después de su muerte fueron publicados. Una edición en español fue editada por “Documentos Latinoamericanos 1”, de François Maspero, en París (1970). En lo que se integran varios temarios con relación a su pensamiento marxista y a los procesos revolucionarios de Latinoamérica y en concreto al espacio brasileño.

Otro compendio de su obra se publica en el Portugal de la revolución de los claveles (1974), titulado: “O Brasil de Carlos Marighella”, textos seleccionados por Milton Miranda. Quiere decir que no sólo la táctica de guerrilla urbana sirvió a muchos grupos revolucionarios como guía de sus acciones sino que, también, sus textos ideológicos estaban inscritos a unas circunstancias que iban más allá del espacio brasileño. Por tanto, Marighella ha incidido en un proceso de vanguardia revolucionaria y, en muchas ocasiones, dio claves y sugerencias, excepcionalmente relevantes, en la década convulsa de los años 60 del pasado siglo.

En la “Poesía trunca (Poesía latinoamericana revolucionaria)”, recogida por Mario Benedetti y publicada por Casa de las Américas de La Habana (1977) y en segunda edición por Colección Visor de Poesía, Madrid (1979), Marighella forma parte de los 27 poetas de Latinoamérica, asesinados por defender las libertades de sus respectivos países. Marighella está junto al Che, Otto René Castillo, Roque Dalton, Javier Heraud, Víctor Jara, Ricardo Morales, Leonel Rugama, Francisco Urondo, etc.

Carlos Marighela merece estar en ese aposento al que Benedetti lo ha erigido, por que su libro poético: “Rondó da Liberdade”, merece esa puntualidad de sugerencias que transcienden de un joven humanista que personalizó unos ambientes de pobreza, el de los suburbios y periferias de su Salvador nativo.

Encontramos varios registros y temarios en su poesía, que tienen un valor creativo y repercuten en aquella generación de poetas aferrados a la crítica social. En sus recursos estilísticos expone una variedad de temas que sin representar una intrínseca unidad en lo tratado, como es el tema existencial y la libertad, expone un nuevo modelo de hacer poesía para el pueblo. En este horizonte, concreta el arte del pensamiento poético, sin acudir a recursos artificiosos para estimularle al lector falsas apariencias que el autor no siente ni desea.

En esa colección de sonetos es donde Carlos Marighella surge como un gran poeta, que sabe estructurar y economizar el verso, con ese lenguaje claro y contundente. También el poema amoroso es otro de los perfumes de su poesía que la hace grande, y la agrande se esclarece aún más cuando enarbola sentimientos que fluyen de su intimidad hacia el otro. Una poesía en la que nada se profana y casi todo se redime en esos espacios estridentes y vacíos donde lo humano no pulsa ni cicatriza su herida.

Marighella, en su “Rondó da Liberdade”, es un poeta del pueblo, al que le sugiere cosas y trata de mostrarle su microcosmo teñido por la crueldad existente que soporta y, muchas veces, sin poner en práctica su rebeldía. En su último poema, es explícito por la causa de la libertad proletaria: “Es necesario no tener miedo,/ es necesario tener coraje para manifestarse.// Hay quien tiene vocación de esclavo,/ pero hay los esclavos que se sublevan contra la esclavitud.// No quedar de rodillas,/ que no es racional renunciar a ser libre./ Aún los esclavos por vocación/ deben ser obligados a ser libres,/ cuando las cadenas sean rotas”.

Carlos Marighella es ya un referente revolucionario en aquel Brasil de las dictaduras y frente a los exterminadores de las libertades del pueblo y del socialismo. Es también un emergente de la epopeya de combatientes y dirigentes de aquella Latinoamérica convulsa y sometida por el terrorismo de Estado, que impusieron los grandes monopolios, valiéndose de gendarmes vende patrias. En este su centenario, Brasil le recuerda y otros también.

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